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El Cocker Spaniel Ingles
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Sobre el carácter del Cocker Antes de empezar a escribir sobre mis impresiones acerca del carácter de nuestro protagonista quisiera hacer algunas puntualizaciones. La primera es que lo que aquí sigue no pretende ir a misa ni sentar ninguna lección magistral, son sólo las opiniones fruto de mi experiencia con la raza. Es “vox populi ” e idea generalizada el mal carácter del Cocker, sobre todo de los dorados, opinión compartida incluso por la mayoría de los veterinarios. Para mí nada más lejos de la realidad. No conozco ningún “autentico” Cocker mordedor. Y cuando digo “autentico” me refiero a los Cockers criados por buenos conocedores de la raza, de padres conocidos, líneas contrastada y criado en un ambiente de cariño y con un mínimo de sentido común. Si conozco “Cockers” (estos si los pongo entre comillas) huraños, recelosos y mordedores, y curiosamente todos son Cocker atípicos, fuera del estándar, con muy poquito de Cocker, con una genealogía totalmente desconocida. El motivo de esta disparidad podemos buscarlo en el “boom “ que experimento la raza hace unas décadas, donde el afán comercial fue el único criterio de cría y donde la gran demanda, sobre todo en los dorados, hizo que todo valiera para la cría. Es por esto también por lo que es tan baja la calidad de los Cockers que vemos por la calle, siendo, por el contrario, tan alta en nuestros rings. Un Cocker con mal carácter no es un Cocker, puesto que éste debe ser uno de los principales criterios de selección El Cocker es un perro de familia, no es un perro para el jardín o para estar dieciséis horas solo en el apartamento esperando a que su amo llegue del trabajo. Se siente a gusto siendo parte de la familia y siendo tratado con la consideración que todo ser vivo merece. He dejado de vender algún cachorro por este motivo. Comprar un cachorro de tres meses, cuando más atenciones necesita, cuando más cosas necesita saber y experimentar, y tenerlo todo el día solo es como encerrar a un niño en una habitación vacía y privarle del mundo exterior. Cuando llega a casa el amo, después de una jornada de trabajo, el perrito se ha hecho sus necesidades, y se las seguirá haciendo de por vida, porque nadie le enseña dónde hacerlas. Además, como se ha aburrido como una ostra, se ha comido las patas de las sillas y esa alfombra tan cara que tenía su amo en el salón; por lo que llegan los gritos, las palizas, y el cachorro a los vente días es devuelto, regalado o condenado a vivir en el trastero o la terraza. Pretender que nuestro cachorro criado de este modo llegue a ser un Cocker equilibrado es pedirle peras al olmo. NO ES CULPA DE LA RAZA. El Cocker es una raza sensible, y como tal le afectan los castigos; no seamos crueles con él. Como cualquier otro perro, debe de ser tratado con dignidad y afecto; eso sí sabiendo que ocupa el último lugar en el escalafón familiar y que quien manda en casa es el amo, o en su defecto cualquier congénere de dos patas.
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